NO LEAS- es una puerta que no queremos explorar. Es ridículo. ¿O no?

Vi muchas criaturas iguales, todas con un hueco en el pecho, su apariencia era atractiva, pero vacía.

Jactándose

Jactándose

Jactándose

Jactándose de algo que no les pertenece.

De algo que no comprenden.

Adueñándose

Adueñándose de un lugar y una existencia que no se comprende.

Seguros…

Seguros de sí mismos.

¿Es un método de defensa?

Sí, lo es, adueñarse es un método de defensa contra nosotros mismos.

Si no nos adueñamos caemos en la inseguridad… En la desesperación, de no comprender, de no controlar.

Si no controlamos no podemos.

Lástima que la inseguridad lleva a la redención…

¿La redención?

Sí, la redención, el reconocer. El ser consciente.

Ser Consciente

Consciente

CONsCIENTE.

Pero no.

Armamos casas sobre arena.

Las construimos bien.

Las justificamos

Las amamos y nos enorgullecen.

Nuestra vista no alcanza más allá de nuestra propia creación del mundo. De nuestra propia lectura, de nuestra propia jactancia.

No nos cansamos, no se cansan, no te cansas.

Nos repiten.

hasta el cansancio, nos repiten

Nos repiten.

La humillación es mala.

La humillación es mala

La humillación te hace mal

Nunca te humilles.

Jamás te humilles.

¿La humillación es mala?

¿Qué es?

¿y si es un camino?

¿Y si es una puerta?

Qué ridículo.

Qué ridículo.

Muy ridículo.

Piénsalo, es ridículo.

NO.

No es ridículo.

Tu miedo no deja ver, mi miedo no deja ver, tu seguridad y jactancia no deja ver, mi seguridad y jactancia no deja ver. tus construcciones y las enseñanzas que te han inculcado no dejan ver.

La humillación quizá es un camino.

Para dejar de jactarse de algo que no se comprende…

Quizá es el primer camino-paso

Al siguiente paso. El universo cambia, la gente cambia, las personas cambian, los propósitos cambian, si existe humillación.

Qué estupidez. (Dices, digo, dicen)

No.

Esta vez es así.

¿Qué hago?

¿Qué haces?

¿Qué hacemos?

Reconoce, sin miedo a darte cuenta que tal vez nada es nuestro.

Reconoce, sin miedo a darte cuenta que tal vez la humillación es un camino.

(Ridículo, dices, digo, decimos)

NO.

Sal de ti mismo, quizá tengas un panorama más amplio.

¿Te estoy enseñando algo? No.

Qué ridículo podría ser eso.

Sí.

Tal vez sí.

Jáctate y no será así.

Reflexiona y quizá sí.

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Hay veces en las que el café se enfría

Hay días en los que despierto oliendo viejos recuerdos, caminando pasos antiguos, viendo momentos que ya no alimentan, ni el ayer ni el hoy, alguna vez alimentaron nuestra consciencia, y eso nos ha hecho ser hoy.

Seguimos siendo testigos del eterno presente, cautivos de su eternidad inamovible, su desesperante ahora.

Hay veces en el que el café se enfría, o el té, el milo, o mis manos, o las tuyas.

No conozco tu color, no conozco tu voz ni tu caminar, pero me enfrías las manos o se enfrían solas, quizá… la respuesta no la tengo yo, ¿o sí? ¿y tú?

Hay veces en el que el café se enfría, aunque a veces no hay café ni frío. Lo imagino o me lo invento y no salgo, porque salir es entrar en la selva, con tintes zoológicos llenos de jaulas. Resulta que se encierran solos, se desnudan y encierran, yo espero, yo sufro, no por su desnudez, sino porque igual me gustaría encerrarme y disfrutar de mi encierro, vivir como se vive, beber y caminar.

A veces no hay tazas limpias para el café, y me desespero, las lavo y las seco; con agua caliente para que sea más fácil.

Hay días en los que despierto oliendo viejos recuerdos, no sé si más da pena que no tenga sentido sufrir por ellos, o no tener a mano una taza, una cuchara, un suéter o una manta, esos objetos que te hacen volver, ¿en sí? ¿En ti? ¿En mí?

Hay días en el que el café se enfría, lo boto, me hago otro y salgo. Otros días simplemente no hago, no despierto ni camino, quedo inmóvil, pero seguro… ¿de qué? De mí.

Hay días en los que el café se enfría, y qué más da, ya se enfrió, me miraste y se olvidó, después de todo empezar puede tener un café, un pan, un té o una fruta exótica, pero el día empieza contigo, el café es la previa, y tú…

Tú eres el resto del día.

.?

– Estaba claro

-Era obvio

-Cómo no lo vio

-¿no lo viste?

-No ¿De qué hablas?

-De ti

-¿Ah?

-¿Y qué tengo que ver yo?

-No sé, yo no he dicho nada

-Yo, yo digo, tú estabas ahí

-No entiendo, ¿qué hacías ahí?

-Yo no entiendo de qué estamos hablando

-Yo entiendo absolutamente nada

-Yo tampoco

-No, yo no estaba

-Yo tampoco, de hecho… no existo

-Yo tampoco

-Yo tampoco…

Y así cinco personas inexistentes hablaban un diálogo inentendible, y como ninguno existía, jamás hubo diálogo, y nunca hubo nada que entender.

Pesa

Lo pensé, pero cuando te miré estabas muy abajo, y no tenía intención de volver. Júzgame, pero si miraras desde aquí entenderías que no era mi tarea volver por ti. Sé que entiendes que no me refiero a mi posición, porque no tengo una, sino a lo que estoy haciendo aquí. Y me pesaba la existencia haberte dejado, pero en ese mismo pesar me di cuenta que por primera vez, después de mucho, estaba existiendo, por eso me pesaba… Porque la existencia pesa.

La vida y la espera

La espera no es nada más que la mecha que dinamita la conciencia del que espera.

Y si no se esperase nada, la vida misma es la espera.

La espera al descanso, la espera a que el sol vuelva a aparecer,

la espera a que la primavera toque los árboles para florecer.

O la espera para que el otoño condene las hojas,

la espera a que anochezca para soñar, o la espera a qué amanezca por no poder dormir

La vida no es una recta como el horizonte, la vida es un estado

La vida no es un estado, la vida solo avanza

La vida no avanza si no se espera, y si se sabe esperar, avanza

Y si avanza, la espera se hace más llevadera 

como si la vida fuera la espera

y la espera la vida

¿Y qué esperan?

esperan a que la vida se acabe o esperan que nunca acabe

Esperan a que el sol salga, aunque el sol se esté escondiendo

esperan en el mañana, que quizás sea mejor que la espera de hoy

al fin y al cabo, la espera y la vida son parecidas,

la espera hace pasar la vida y la vida se pasa esperando

La vida y la espera en esencia son lo mismo 

claro, pero ¿de qué vida estoy hablando?

Sin duda de la que usted está viviendo,

porque la real vida no es la que estamos viviendo, sino la que estamos esperando 

El que nunca aprende a esperar nunca aprenderá a vivir.

Vida, cosecha, ignorancia y siembra.

El que ignora vivir, nunca encontró aliento

El que ignora sonreír, cree que no es más que un gesto

El que ignora la consecuencia de escupir al cielo, escupió

El que ignora cuando sembrar, sembró

El que ignora cuando cosechar, cosechó

El que ignora el valor de alguien, lo perdió

El que ignora cuando perderse, se perdió

El que ignora que cualquier alguien vale más que cualquier algo,

siempre tendrá algo y siempre faltará alguien.

Nos amanece y entendemos que la ausencia es como el sol 

que posee a las hojas otoñales cuando atardece.

¿Sabes? Quizás no lo entendemos… Porque no se apodera… las toca

Como si fuera el inevitable golpe contra el suelo de una gota de agua

que jamás comprendió que su vida acabo en la tierra.

O la inevitable pérdida de la inocencia de un niño al comprender el porqué su padre está

bajo una cruz en un lugar lleno de cruces.

Hay tiempo para ignorar, pero la ignorancia nunca pierde el tiempo

El caminar desencadena una tormenta, 

desencadena poder ver

desencadena poder soñar

¿Y qué más podría esperar?

Es que ya no es ignorancia, la ignorancia fue burlada

Es que ya no es ignorancia, la ignorancia fue ahogada,

Fue asesinada, ultrajada.

Como lo que deja nuestro levantar apresurado por la mañana.

O el café que nunca terminé, ese que se enfrió

Como si el frío quemara, como si el frío enseñara.

Hoy es el sol, hoy la lluvia ya no es nada

Hoy nunca más será, y ayer nunca existió

Y si llegase a creer que ayer existió, 

porque veo a alguien correr hacia mi

me equivoco, y caigo. Porque es la vida.

¿Y el ayer? el ayer entretejió en nuestra sien

el río que hoy vemos correr

pero no es más que eso.

Quizás haga algo florecer

Pero si florece, ya no es el ayer

Es aliento, es estar, es ahora

Por que el que ignora vivir, olvidó sonreír

y el que ignora sonreír, nunca encontró el por qué vivir.

Un día de lluvia, hace dos semanas.

Cuando salí del café apresuré el paso y choqué con la puerta porque se tiraba, no empujaba, extraño. Afuera llovía. No sabía si estaba esperando o no, yo solo caminaba. No, no caminaba, corría, corría por esas rejillas que hay en el suelo, donde quién sabe qué monstruos de la infancia viven bajo ellas, esas que casi todos rodean. Me paré en la esquina intentando mantenerme el gorro del abrigo en la cabeza, porque el viento me lo quitaba, y gotas de agua ya empezaban a entrar por mi manga y se deslizaban hasta mi codo. Miré hacia el frente y las palomas ni se inmutaban por la lluvia. Me di cuenta de esto un día mirando por mi ventana; una estaba empapada, por todas sus plumas corría agua como si se estuviese derritiendo, pero ella no se inmutaba, aunque se derretía. Vi las palomas al frente en la plaza, y estaban inmutables, entonces me sentí inmutable, bajé mi brazo y el viento voló mi gorro.

La lluvia me invadía.

Y no, no estaba, o no llegó a la hora, o yo no llegué a la hora, y tal vez nunca acordamos una, pero tenía la sensación, de esas que te hacen salir disparado de donde estás, que quizás podría estar ahí, pero no. Y ya está, me di vuelta para volver al café y terminarlo, quizá ya estaba frío… y quizás ya estaba solo.

Uno de esos temas a media noche.

Nos fuimos… por ahí, por calles que no hemos visitado, por recuerdos que no hemos vivido, pero que se hacen vívidos en la velada, en el momento y en los momentos, con luces bajas, con luces cálidas, con té, vino o un par de historias que nos inventamos y reinventamos. Mientras el reloj corre como si fuera a llegar atrasado al próximo minuto, nosotros lo detenemos derritiendo el tiempo.

Nunca vuelve vacío

Ayer recibí uno de los regalos más importantes. Hoy recibí una de esas pequeñitas revelaciones que hacen que los días se hagan más significantes, siendo consciente que quizás mañana ya no me acuerde, pero que en algún momento, entre humos de café y/o cerveza, con algún alma, pueda volver a encontrarla al fondo, o quizás en algún rincón de mi pieza. Esas palabras o escritos que tanto sentido le dieron a mi día alguna vez, si no las encuentro, sé que de alguna manera ese sentido volverá de muchas otras maneras; el árbol de naranjas del patio, o el sol de tarde, ese que es frenado por el árbol que está al lado del de naranjas (ya he tenido la experiencia de pensarlo) y hace sombras, o el gato mirándolo, o en una mesa o fogón, o pseudopatio de la novena región o por último en alguna calle o lugar que aún no conozco o que ya empecé a conocer, mirando hacia arriba, o mareándome por el calor… y quéseyo…